Chongueritos

Actualizado: 13 nov 2021



Hace unos años me llamaron de una entidad financiera muy seria y prestigiosa para hacerme el siguiente pedido: “Queremos que los chicos nuevos tengan más habilidades sociales porque casi no hablan y son demasiado tímidos.” Al conocerlos, veo a estos chicos talentosos economistas recién egresados “enternados” clavados en sus sillas mirando el suelo y con un silencio tenso. Trato que entren en confianza y de pronto poco a poco van levantando la cabeza, acomodándose relajadamente en sus sillas y mirándose entre ellos de forma cómplice. Una hora después, era una chacota total entre ellos. “Chino, gordo, negro, colorao, flaco, etc. etc.”, eran los apodos que se tenían entre ellos. El ambiente parecía de secundaria de colegio, bajo la consigna “el que se pica pierde”, todos se agredían “amistosamente” con apodos, dobles sentidos y jodas. Ese fue el punto de partida de una reflexión que poco a poco me fue abriendo la mente. El taller no había producido eso, sino más bien el hecho que se relajen. Pero como en ese banco el promedio de edad es de 50 años para arriba, estos chicos estaban desprovistos de otro tipo de comunicación que sea el “chonguito de colegio”. Por tanto se volvían “chunchos” para poder relacionarse ante tanto señor.


Esta reflexión la hice con una amiga con la que trabajo y que ha vivido muchos años en Alemania, y me contó algo que fue el destape de una verdad que por tenerla tan cerca no había visto. Me dijo que los latinoamericanos, cuando había una reunión, preguntaban cuantos hombres peruanos van a ir. Si había más de 4 peruanos preferían NO IR. La reflexión que tenían es que el humor del hombre peruano era demasiado agresivo. “¿Qué problema tienen los peruanos con el físico del otro ah?” Se preguntaban. Todas sus bromas son “chino, gordo, flaco, negro etc. y ¿qué problemas sexuales tienen? “Todo es con doble sentido y el amaneramiento. Es lo que más les divierte, al parecer”. En realidad se referían más a los limeños o a los de toda nuestra costa. En los Andes y la selva es diferente. Me quede mudo y me puse a repasar toda mi historia escolar y universitaria y lo incómodo y desadaptado que me sentía por este tipo de humor tan primario. Siempre pensé que esto era propio de “la mente masculina”, pero cuando viví en Colombia me di cuenta de que no era así. Los hombres tenían otras habilidades sociales, no solo “chongueaban”. A veces subrayaban cualidades del otro con naturalidad y seriedad y me daba cuenta de que eso no es algo que ocurra frecuentemente entre los hombres limeños.


La experiencia en este banco la vi en casi todas las empresas donde hay gente joven de 20 y tantos y otras veces hasta personas de 40 y tantos. Sobre todo cuando la mayoría son hombres. Cuando hay “confianza” entonces el ambiente es de “chongo de colegio”. Y cuando pasa esto observo a las mujeres siempre blanquean los ojos como diciendo “pobres hombres”. Entiendo por eso porque las mujeres van ascendiendo más y más en las empresas, ¡tienen más habilidades sociales!. Ahora que la gestión de personas es lo más importante, las mujeres cada vez tienen más a su cargo a personas.


Hace poco, trabajando el clima laboral en una empresa hubo una queja de un señor obrero de origen andino por el trato que había recibido de su jefe. El jefe no entendía por qué se quejaba si él había sido “buena gente”, y claro su intención de ser “patero” lo había llevado a expresar “oye chato, no jodas pues ¡” y le había palmeado fuerte la espalda; el señor obrero lo había tomado mal!


No quiero discutir si nuestro humor de hombres está mal o no, en todo caso es parte de nuestra idiosincrasia. Lo que me llama la atención es las pocas habilidades sociales que desarrollamos entre nosotros. Es como si nuestra única manera de socializar fuera a través del chongo, la chacota y el apodo. Si queremos a alguien le ponemos su chapa. Ok, bacán. ¿Pero podemos también hablar en serio? ¿Profundizar? ¿Ser más empáticos? ¿Saber escuchar?. Si los jóvenes no desarrollan esto, y no cambia nuestra “cultura varonil”, entonces los problemas van a surgir en el trabajo, cuando queramos ascender y veamos que las mujeres suben rapidísimo porque ellas tienen varias habilidades sociales desarrolladas a temprana edad en su mochila y nosotros solo adolescentes eternos con una correa muy grande. Escrito originalmente en el 2013.

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