Actitud y optimismo

“Hay muchos tipos de conocimiento, pero hay uno más importante que los demás: el conocimiento de cómo hay que vivir; y este conocimiento, casi siempre, se menosprecia” Tolstoi

Las últimas semanas me he estado preguntando constantemente sobre la actitud con la que afrontamos la vida. Esto a raíz de que he estado frecuentando un hospital y vaya que esta experiencia sirve para poner muchas cosas en perspectiva.


Muchas veces nos vemos sumergidos tanto en nuestros propios problemas que vamos por la vida dándole un carácter mundial a estos. Y no es mi intención quitarle validez a la forma en la que vivimos nuestras experiencias. En absoluto, es un concurso de “qué problema es más grande que otro”. Pero me pregunto si estamos categorizando bien las cosas a las que las consideramos “problemas”.


Constantemente vemos pasando por la calle personas agestadas, mal humoradas, con unas caras que te podrían dar pistas de que están viviendo un gran problema o alguna dificultad. Pero si nos pusiéramos a preguntar sobre qué les pasa, encontraríamos respuestas como: “aun no me cambian el celular en el trabajo”, “no he encontrado un estacionamiento cerca y he tenido que caminar más de la cuenta”, “el tráfico es un asco, llego tarde” etc. Esto me recuerda una frase que hizo Descartes al final de su vida: “Mi vida estuvo llena de problemas, muchos de los cuales jamás lo fueron”. Pero vamos por la vida categorizándolas así y permitimos que estas afecten nuestra actitud.


Lo que me sorprendió de mis visitas al hospital, es el haberme encontrado con personas con una actitud espectacular a pesar de que su situación pueda empujarlos hacia la otra orilla, incluso con la muerte tan cerca.


Una actitud adecuada puede catapultar tu vida a otro nivel. Es una de las inversiones de energía más rentables que existen. Se generan grandes beneficios, no depende de terceros y contribuye a mejorar el mundo.


Hay que tener en cuenta que actualmente tener una buena actitud es ir contra corriente. Vivimos en un entorno que tiende al desánimo. Tanto así que este se ha vuelto un estándar. Un gran ejemplo es el entorno laboral. Si encontramos a un trabajador que se ríe y la pasa muy bien en la oficina, tendemos a dudar de su trabajo. Pensando que no está haciendo nada serio. Pero si vemos a alguien con cara de palo, pensamos que se está portando muy profesional y está muy concentrado. Si a esto le sumamos el contexto en el cual hay problemas sociales, una crisis política, inseguridad ciudadana, etc. Se hace evidente porque como sociedad vamos perdiendo en forma progresiva la buena actitud.

Es evidente que no tomamos en cuenta lo peligroso que es perder una buena actitud frente a la vida. Si la perdemos, ya no nos queda nada. Del estado de ánimo vienen nuestras ganas de luchar, las fuerzas para perseverar, la ilusión por hacer las cosas, la alegría, el optimismo, la esperanza y el entusiasmo. Pero como estamos rodeados de gente desanimada no nos percatamos de lo peligroso que esto es. No se me hace raro que la depresión es la enfermedad que más ha crecido en la última década.


Julio Olalla, en uno de sus escritos menciona que los verdaderos aprendizajes se realizan a través de la transformación de nuestro observador (ser), más que la modificación de nuestras acciones. Estoy totalmente de acuerdo, puesto que considero que la modificación del observador tiene que ver con la manera que gestionamos nuestros pensamientos y la manera de como gestionamos nuestros pensamientos influyen en nuestra actitud.


El ser humano es el único ser que tiene un espacio entre una circunstancia y la actitud que tomamos frente a ella. Este espacio se le llama pensamiento.

La cadena sería:


Es evidente que nosotros muchas veces no tenemos control sobre las circunstancias que nos toca afrontar. Pero sí nuestra respuesta ante ellos. Esta es la libertad verdadera como dice Victor Frankl en su libro: “El hombre en busca de Sentido.” Un libro donde narra sus crónicas mientras era prisionero de los Nazis en campo de concentración.


Si controlamos nuestros pensamientos; controlamos nuestra actitud y nuestra forma de responder. Esto define nuestra manera de ser.

No podemos evitar que nos asalten pensamientos de distinto calibre. Pero sí, es nuestra responsabilidad decidir qué tipos de pensamientos alimentamos en nuestra vida. Si aprendemos a pensar mejor, aprenderemos a vivir mejor.

Hay que tomar en cuenta que los pensamientos llegan a nosotros por el tipo de adjetivos con los cuales acompañamos la realidad. A más nos interesa una realidad, más difícil para nosotros separar el adjetivo. (Silla bonita, silla fea etc.).


La gran tarea consta que cada vez nos volvamos más conscientes de que las circunstancias en las que nos involucramos son neutras. Entender que somos dueños del puñal y la herida es transformador. Y que son los adjetivos y los pensamientos que involucramos a las circunstancia las que nos generan sufrimiento. Por lo cual, una buena actitud proviene de un estado profundo de bienestar, que no está sujeto a una realidad que interpretamos cómo favorable o desfavorable.


Hoy en día creo que un gran ejemplo y centro de aprendizaje sobre la neutralidad de la vida es el tráfico de lima. Desde la época que manejo lo he tomado como un ejercicio personal. Ya que el día que podamos manejar sin entrar en desesperación y estrés por la forma de conducir de otros conductores, creo que estaríamos avanzado al entendimiento de la neutralidad que menciono.


Aquí viene lo mágico, imagínense si cada persona en vez de buscar tratar de cambiar el mundo, se haga responsable de su actitud. De tal manera que cada persona coseche tanto entusiasmo y bienestar que termine sembrando estas emociones en otras personas. No solo tendríamos un Perú diferente. Tendríamos un mundo diferente.

Gracias por leerme.

Milker Olaya



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